El fundador del psicoanálisis, Freud


El psicoanálisis es, a la vez que un conjunto de teorías psicológicas, un método de investigación y un método psicoterapéutico creados por Sigmund Freud.

El psicoanálisis se constituyó en un discurso que desde el estatuto científico otorgó una alternativa a la psicología imperante de la época. El estudio positivista de fines del siglo XIX impedía el acceso a aquellos conocimientos llamados vitalistas; Freud introduce una ruptura con uno y otro modelo al inaugurar el espacio de lo que después se llamará ciencias conjeturales y también con lo que constituía hasta entonces el centro de la reflexión filosófica, es decir, la relación del hombre con el mundo. Aunque repetidamente aclaró que el psicoanálisis no debe entenderse como una concepción del mundo, Freud entendió que debe distinguirse de ella a favor de producir un conocimiento material de las enfermedades mentales.

“Es que entonces se llega a palpar una resistencia que se opone al trabajo analítico y pretexta una falta de memoria para hacerlo fracasar. El empleo de la hipnosis ocultaba, por fuerza, esa resistencia; de ahí que la historia del psicoanálisis propiamente dicho solo empiece con la innovación técnica de la renuncia a la hipnosis. Y después, la apreciación teórica de la circunstancia de que esa resistencia se conjuga con una amnesia lleva, sin que se lo pueda evitar, a aquella concepción de la actividad inconciente del alma que es propiedad del psicoanálisis y lo distingue siempre marcadamente de las especulaciones filosóficas acerca de lo inconciente”.
(Freud, Contribución a la Historia del movimiento Psicoanalítico, 1914, Vol. XIV, pág. 4).



¿Quién es Sigmund Freud?


Sigmund Freud (1856-1939) nació en Moravia, “pequeña ciudad de Checoslovaquia”. A los cuatro años se estableció en Viena con su familia. Allí pasó la mayor parte de su niñez y adolescencia. Estudió Medicina, especializándose en Neurología.

En 1885 viaja a París para completar sus estudios. Pero cuando Freud llega a Paris el 13 de octubre de 1885, tenía ya realizada una carrera vinculada con la fisiología médica. Se había formado en el laboratorio de Ernest Brücke, uno de los cuatro miembros de la escuela de Helmholtz (1). En su autobiografía reconoce como antecedente a su decisión de estudiar medicina el haber tomado conocimiento de la teoría de Darwin y haber leído el ensayo La Naturaleza, de Goethe. En ese laboratorio se le encarga una investigación de histología nerviosa, actividad a 57 la que se aboca desde 1876 hasta 1882.

En 1883 Freud renuncia a la investigación filológica y micro anatomía del cerebro, y se orienta hacia la neuropatología. Comienza a integrar el Hospital General en el que es nombrado interno. Según sus propias palabras, el haber abandonado el laboratorio de Brücke no constituyó un cambio en la orientación de su trabajo. El objeto de su investigación abarcó desde la médula espinal de un pez hasta el estudio del sistema nervioso humano. Pero a pesar de haber continuado trabajando, redactando incluso varios trabajos, percibió como insuficiente el progreso de los estudios sobre la anatomía del cerebro y para satisfacer sus necesidades materiales se dedica al estudio de las enfermedades nerviosas.

En Paris trabaja a las órdenes de Charcot, médico al quien Freud admiraba por su modo de trabajar con la histeria. Charcot se mostraba interesado en la utilización de la sugestión hipnótica, método por el que concluía que los productos que lograba crear a partir de ella eran tan legítimos como las parálisis y contracturas accidentales y espontáneas.


Con Charcot, Freud se inicia en el estudio de la histeria y en la aplicación de la hipnosis como terapia. La influencia de Charcot será fundamental para estimularlo a separar lo psicológico de lo anatómico y la hipnosis será el camino que lo llevará a la postulación del inconsciente. “Lo anímico en ti no coincide con lo que te es consciente; una cosa es que algo suceda en tu alma y otra que tú llegues a tener conocimiento de ello”. (Freud, Una dificultad del Psicoanálisis, 1917, pág. 2436).

Cuando vuelve de su estadía en Paris, Freud se propuso demostrar el principio de que las parálisis y anestesias histéricas se delimitan conforme a la representación vulgar del hombre, lo que significaba que los síntomas somáticos podían tener otra explicación que la médica anatómica. (Freud, Presentación autobiográfica, 1925, 1924, Vol. XX.).

La hipnosis le permitió representar la eficacia de otra esfera no consciente, si a una persona a la cual, en pleno trance hipnótico, se le ordena que al salir del trance vaya a buscar un 58 paraguas y salga a la calle, así lo hará. Efectivamente, ni bien “despierte” esto será lo que hará la persona, tomará un paraguas y se dispondrá a salir a la calle. Cuando se le interroga por los motivos de tal acto, la persona aducirá no recordar el motivo por el cual ha realizado tal acción. Este tipo de experiencias llevan a Freud a postular la existencia de “otra escena” que dirige nuestros actos pese a ser desconocida por nosotros. El discurso del hipnotizador, la sugestión, y la correlativa obediencia hipnótica, darán evidencias, por otro lado, del “insospechado poderío de lo psíquico sobre lo corporal”. “La relación entre lo corporal y lo anímico (en el animal tanto como en el hombre) es de acción recíproca; pero en el pasado el otro costado de esta relación, la acción de lo anímico sobre el cuerpo, halló poco favor a los ojos de los médicos. Parecieron temer que si concedían cierta autonomía a la vida anímica, dejarían de pisar el seguro terreno de la ciencia”. (Freud, Tratamiento psíquico, tratamiento del alma, 1890, Vol. I, Pág. 31).

La relación entre lo somático y lo anímico manifiesta tanto, en el animal como en el hombre, una interacción recíproca, pero la acción de lo anímico sobre el cuerpo- resultó siempre problemática para los médicos. Parecían resistirse a conceder cierta autonomía a la vida anímica, como si con ello se vieran expuestos a abandonar el firme terreno de lo científico. Freud siempre considera que estas interacciones recíprocas necesitan de la investigación y el conocimiento.



“Los medios y los caminos para conseguirlo estarán signados por una intelección más honda de los procesos de la vida anímica misma, intelección cuyos primeros pasos se basan justamente en las experiencias hipnóticas”.
(Freud, Tratamiento psíquico, tratamiento del alma, 1890, Vol. I, Pág. 36).

Así, se interesa por la vida anímica misma; y sostenemos que si la hipnosis le permitió conocerla, solo el abandono de la hipnosis le permitió avanzar en su conocimiento.

“Mi expectativa se cumplió, me emancipé de la hipnosis, pero con el cambio de técnica también se modificó el aspecto del trabajo catártico. La hipnosis había ocultado un juego de 59 fuerzas que ahora se revelaba y cuya aprehensión proporcionó a la teoría un fundamento más seguro”. (Freud, Presentación autobiográfica. Vol. XX. 1925, 1924. Pág. 7).

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