¿Cómo detectar a un mentiroso? Psicología del mentiroso


Las personas mienten más cuando hablan con otras personas que cuando emplean otro medio de comunicación, como la escritura. Jeffrey Hancock, investigador de la Universidad de Cornell en Nueva York, asegura que las personas son más reacias a mentir cuando se conservan pruebas documentales y que mienten más en la conversación por teléfono y cara a cara que a través de otros medios, como el correo electrónico (IblNews, 17 de marzo de 2004). Se miente también más en la conversación directa porque es la más frecuente y en la que se tiene más práctica. De hecho, mentir es la conducta más probable cuando no se sabe qué decir o cuando no hay una respuesta que ofrecer.

Detectar el engaño en la conversación es difícil. No existe, con carácter general y para todas las personas, una señal o un conjunto de señales que indiquen de forma absoluta e inequívoca que estén mintiendo. El investigador o interrogador busca señales o indicios que, interpretados debidamente según los datos disponibles, los antecedentes y el contexto, dirán si la persona que tiene delante miente o dice la verdad. Los signos del engaño son propios de cada individuo, aunque algunos de ellos son comunes a muchas personas.

Para detectar e interpretar los indicios del engaño hay que saber algo acerca de la psicología de la persona que miente, acerca de cómo piensa y de sus emociones y actitudes


Psicología del mentiroso


Existen enormes diferencias individuales, de forma que hay personas que son muy buenas y expertas en engañar y otras que aparentemente son incapaces de mentir sin que se les note. Los actores son especialmente buenos para mentir debido a dotes naturales y a la práctica. También tienen fama de serlo los políticos, los vendedores y los publicitarios, y últimamente parece que habría que incluir a los auditores de cuentas. Muchos mentirosos consiguen engañar porque se creen lo que están diciendo, de la misma forma que el buen actor puede vivir su papel con intensidad. Hay personas que son capaces de engañar a cualquiera, incluso desde que son niños. Con la práctica, hay gente tan experta en mentir que es difícil que se detecten sus mentiras, incluso cuando son expertos quienes les examinan.

También hay tipos de personalidad propensos a la mentira, como los psicópatas y los mentirosos patológicos, sin preocuparse mucho por ello. La personalidad psicopática se caracteriza por conductas agresivas e impulsivas habituales y sin motivo, falta de remordimiento, ausencia de objetivos a largo plazo e incapacidad de experimentar emociones apropiadas en sus relaciones con otras personas. Sus problemas en las relaciones interpersonales incluyen el empleo de la mentira. No se trata del principal problema de estas personas, pero ayuda a identificarlas su capacidad para mentir y para no experimentar el menor sentimiento de culpa o vergüenza si son descubiertas.



Credibilidad


Si una persona es creíble y fiable, los demás tenderán a creer lo que dice y podrán ser convencidos. El mentiroso intentará reforzar a toda costa su credibilidad y utilizarla para que le crean. La credibilidad es, sin embargo, un atributo difícil de conseguir. Hay personas que gozan de credibilidad por sí mismas y por la reputación que les acompaña, como les ocurre a los expertos y profesionales bien preparados, personas célebres, profesores universitarios o médicos, por ejemplo. Uno de sus componentes es la competencia, la experiencia o la autoridad que se posee, derivada de la profesión, la especialidad que se ejerce, la pertenencia a la Administración, a una empresa prestigiosa, a una sociedad o academia científica, a una corporación o colegio comercial o profesional, o a la universidad. Los títulos y credenciales que se puedan aportar también dan credibilidad. Estos «créditos» deben examinarse con detalle y contrastarse siempre.

Frecuentemente, la credibilidad es una cuestión de percepción, de que alguien sea percibido como una persona fiable. El mentiroso intentará dar una imagen creíble, positiva y honesta de sí mismo

Otro aspecto básico de la credibilidad es la coherencia, que puede ser interna y externa. El entrevistador prestará atención a la coherencia interna, o congruencia que existe entre los elementos del mensaje que se escucha, y a la coherencia externa, o congruencia entre los argumentos que se presentan, la experiencia previa y el comportamiento de quien habla.



Otra de las bases de la credibilidad es el convencimiento que se manifiesta en lo que se dice, las ideas que se defienden y la firmeza, la exageración o el exceso de emotividad con que se lleva a cabo. La expresividad debe estar en función del contenido del mensaje. Hablaremos de esta cuestión más adelante en la detección no verbal y fisiológica del engaño.

Por último, el entrevistador prestará atención a otros aspectos, más sutiles todavía, de la credibilidad como es la simpatía personal y agradar a los demás. Queremos creer a la gente que nos gusta. Frecuentemente, el interrogado aprovecha esta tendencia e intenta hacerse el simpático y agradar al interrogador para que le crea, como veremos más adelante

Actitudes y emociones


Los psicólogos definimos las actitudes como «tendencias generales a la acción», frente a las emociones, que son «reacciones rápidas, específicas y ligadas a un acontecimiento, a una persona o a una situación». La actitud es una disposición más general que la emoción. En el caso de la actitud del mentiroso hablamos de la disposición hacia el hecho que se investiga, hacia el interrogador, hacia la situación en general, hacia el grado de importancia del hecho, hacia el comportamiento de uno mismo y de los demás.

El comportamiento de las personas que tienen algo que ocultar y que deben responder a preguntas comprometidas se suele corresponder con siete actitudes básicas:



1. Negación: reacciona negándolo todo y diciendo siempre que no. Es importante, por ello, evitar en la entrevista preguntas que, de entrada, confronten al mentiroso con lo que ha hecho. En un interrogatorio, la mayoría de las personas esperan un enfoque directo de la cuestión. El miedo, la culpa y el estrés les llevan a pensar que los demás les acusarán o atacarán directamente. Aguardan las preguntas directas y se preparan para ellas. Como saben ya la respuesta que deben dar, mienten directamente. Por ejemplo: «¿Me has puesto los cuernos con alguna?», «No, nunca»; o «¿Me has mentido?», «No».

2. Minimización: devalúa la gravedad de lo sucedido, con expresiones del tipo «sólo lo hice una vez» o «lo he hecho otras veces y nadie dijo nada, ni me pasó nada».

3. Racionalización: disculpa y justificación del hecho, diciendo cosas como «todo el mundo lo hace», «quien esté libre de pecado que tire la primera piedra» o «nadie es perfecto».

4. Distanciamiento: se valora la situación a distancia, sin implicaciones personales. Suele hablarse en tercera persona: «eso puede pasarle a cualquiera», «son cosas de la vida», «esa cuestión es muy vieja», «puede haberlo hecho cualquiera».

5. Autoengaño: puede ocurrir que el sujeto se engañe a sí mismo y cuente algo, sobre su comportamiento o sobre los sentimientos, que sea falso o que esté distorsionado. Hay personas que no admiten lo que han hecho y hacen lo posible por olvidarlo. No pueden soportar la idea de vivir con el recuerdo o con el remordimiento de una acción y lo niegan continuamente, pudiendo llegar a olvidarlo. El sentimiento de culpa les impide reconocerse como autores de los hechos. Se repiten a sí mismos la versión falsa y la defienden con más y más argumentos, de forma que terminan creyéndosela. El autoengaño cumple las funciones ya conocidas de protegerse y de crear y conservar una imagen determinada ante los demás, evitando la vergüenza pública y la valoración social negativa, como vimos en el capítulo anterior


6. Controlar la situación: un individuo consciente de su nerviosismo intentará controlar y limitar cualquier conducta provocada por aquello que le pone nervioso y, en especial, por las que son percibidas como indicadoras de engaño. Inevitablemente, descuidará otras. Las respuestas verbales son controlables hasta cierto punto, mientras que otras, como las «microexpresiones» faciales no lo son en absoluto. Un exceso de control puede llevar a una «sobrecarga» mental, de forma que el sujeto esté más preocupado por controlar lo que dice que por el orden lógico o incluso por el contenido de lo que dice, lo que le lleva a fracasar en el control. Además, el mentiroso sobrestima la detectabilidad de sus estados internos, ya que tiende a pensar que se le nota o que saben que miente, y a estar preocupado porque le van a descubrir. Este estado se denomina «ilusión de transparencia», por lo que un exceso de la misma puede llevarle a manifestar un comportamiento muy controlado que parece artificial a los ojos del interlocutor y facilita así su detección.

7. Ataque personal al interrogador: suele ser indicador de culpabilidad. Hay que separarlo de la fuerte indignación del sincero al verse acusado. Para ello hay que indagar más y comprobar si va asociado a más indicadores de engaño.

Si ponemos atención a estas actitudes es posible que descubramos indicios de mentira, pero si necesitas saber más te recomendamos el libro "La psicología de la mentira de José María Martínez". Si deseas descargarlo solamente da clic a este enlace

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