Personalidad sana y personalidad patológica. (Trastornos de la personalidad)


Se considera una personalidad normal o sana cuando un individuo desarrolla habilidades para afrontar el ambiente de manera flexible, cuando sus percepciones y conductas habituales producen un incremento de su satisfacción personal, es decir, podemos encontrar aspectos relacionales, cognitivos y emocionales que resultan adecuados y adaptativos.

En cambio se define como un trastorno de la personalidad (APA, 1994) como un patrón de experiencia interna y de comportamiento que se aparta de las expectativas de la cultura en la que está inmerso el sujeto. Dicho patrón presenta un carácter rígido e inflexible, se extiende a la mayoría de las situaciones y afecta como mínimo a dos de los siguientes aspectos: cogniciones (formas de percibir e interpretar el entorno ya sí mismo), afectividad, actividad interpersonal y control de impulsos.

Por otro lado son problemas inherentes a la persona que pueden ayudarse a modular pero no a curar completamente.

Encontramos los trastornos de personalidad clasificados en el Eje II como trastornos del desarrollo (DSM IV TR):
Cluster A: trastorno de personalidad o comportamiento raro o extraño
Cluster B: Dificultades de comportamiento y adaptación al medio
Cluster C: Trastorno de ansiedad


Por lo tanto clasifica los trastornos de personalidad entendidos como un patrón permanente e inflexible de experiencia interna y de comportamiento que se aparta acusadamente de las expectativas de la cultura del sujeto, tiene su inicio en la adolescencia o al principio de la edad adulta, es estable a lo largo del tiempo y comporta malestar o prejuicios para el sujeto.

Puede presentarse de forma independiente, conjunta o asociada a los trastornos del Eje I y se pueden considerar como factor de vulnerabilidad respecto a los trastornos del Eje I. Estos son:


Cabe destacar que en clínica se pueden encontrar a menudo perfiles que combinan rasgos de diferentes trastornos de personalidad, es decir que no se presente un trastorno de personalidad puro, o que se presenten varios trastornos de personalidad, con trastornos del Eje I asociados.

1.1. Trastorno paranoide de la personalidad (cluster A)

Características básicas del módulo paranoide (Swanson, Bohnert y Smith, 1974):

o Pensamiento proyectivo: mecanismo de defensa básico como consecuencia de un modelo atribucional en el cual el locus de control es externalizante, es decir las consecuencias y causas de los aspectos negativos se deben a causas externas. Las tenisiones, fantasías y sentimientos propios, normalmente negativos, se proyectan en otros como si no fueran propios.

o Hostilidad: sensación que tiene el paranoide de que los demás presentan frecuentemente sentimientos antagónicos hacía él. Reacciona ante esta sensación con una conducta de tipo defensivo frente a los otros, llevando efectivamente a que las conductas y actitudes de los otros se tornen en rechazo e incluso hostilidad.

o Suspicacia: actitud constante de desconfianza, que se presenta con rigidez de pensamiento (o bueno o malo), hipervigilancia (presenta constante atención a aquello que ocurre a su alrededor y se considera amenazante) e hipersensibilidad en las relaciones con los demás (encontrar razones de cada palabra o comentario expresado por los otros y relacionándolo consigo mismo).

o Autorreferencia: Se siente el centro de atención de todo lo que ocurre a su alrededor. Entiende el mundo en dos categorías, los que están con él y los que están en su contra (la pseudocomunidad paranoide, de los cuales no puede fiarse en absoluto).

o Miedo a la pérdida de autonomía: temor a perder el control de la situación, de las relaciones, etc. y constante preocupación por no ver descubierto su mundo interno.

o Polo positivo y polo negativo: el polo positivo se constituye en pensamientos de grandeza y el polo negativo en pensamientos de persecución.



La característica principal, que se hace patente desde el inicio de la edad adulta y en diferentes contextos, es la desconfianza y la sospecha, con tendencia a interpretar las intenciones de otras personas como maliciosas.

1.2. Trastorno narcisista de la personalidad (cluster B)

Caracterizado por un patrón general de grandiosidad (imaginación y/o comportamiento), necesidad de admiración y falta de empatía. Empiezan al principio de la edad adulta y se da en diversos contextos.

Características principales:

o Sobrevaloración.

o Dirige sus afectos hacia sí mismo más que hacia los demás.

o Arrogancia. Transmiten una imagen de despreocupación y autosatisfacción que refleja inmodestia, presuntuosidad y una manera arrogante de relacionarse.

o Sentimiento de bienestar y optimismo en la vida cotidiana con humor expansivo mientras no se encuentren con situaciones que consideren estresantes o humillantes.

o Gran imaginación y capacidad para fantasear sobre su belleza y éxito, ajustándose poco a la realidad y mintiendo si es necesario para mantener sus ilusiones.

o Uso de la proyección como mecanismo de defensa en caso de que la brecha entre fantasía y realidad se haga demasiado grande como para mantener la fantasía. Irritabilidad, sentimiento de daño y vacío.

o Autonomía, aunque necesitan la adoración y atención de los demás. Los narcisistas contribuyen poco o nada para corresponder a las gratificaciones que buscan y la no reciprocidad es esencial en sus relaciones interpersonales.


1.3. Trastorno límite de la personalidad (cluster B)

Considerado uno de los más graves Millon (1985) lo plantea como una continuación de los trastornos de personalidad por dependencia, histriónico y pasivo-agresivo.

Acostumbran a presentar múltiples trastornos asociados, tanto del Eje I (trastornos de ansiedad, obsesivo-compulsivos, somatomorfes, disociativos, afectivos y esquizoafectivos), como del Eje II (personalidad dependiente, histriónica, obsesivo-compulsiva, pasivo-agresiva).

La época más turbulenta de estos pacientes es la juventud donde hay riesgo elevado de suicidio, autodestructividad y problemas interpersonales. A pesar de que no pueda haber una recuperación completa sí que hay remisión de los síntomas a largo plazo, incrementándose con terapia adecuada, consiguiendo así que muchos pacientes límite ya no cumplan los criterios diagnósticos.



La inestabilidad afectiva característica de este trastorno hace que estos pacientes no resuelvan sus dificultades interpersonales ni consigan objetivos, incrementándose así la ansiedad, la hostilidad y el riesgo de descompensación.

Gran variedad de sintomatología:

o Ansiedad de separación (necesidad de dependencia y protección).

o Variabilidad del estado de ánimo (con amplios periodos de abatimiento, salpicados de momentos de euforia y más frecuentemente, episodios de irritabilidad).

o Comportamientos autodestructivos.

o Hostilidad impulsiva.

o Afectos muy intensos.

o Parecen estar casi siempre en crisis.

o Alteraciones impredecibles que no parecen estar causadas por acontecimientos externos.

o Inestabilidad en el humor, las relaciones y en la autoimagen. →Puede hacerles parecer espontáneos o precipitados en los casos menos graves o seres caóticos en los más severos.

o Problemas de identidad, dificultades para saber quiénes son, para dar coherencia a sus vidas y plantearse objetivos.

o Tendencia a mostrarse dependientes, búsqueda de protección y seguridad. →La dependencia se convierte en control hostil si se sienten (como es habitual) que no se les da suficiente atención y afecto.

o Actitudes de oposición, manipulación y volubilidad →pueden generar rechazo y abandono ↔ refuerzan la búsqueda de figuras de referencia y potencia la desconfianza en los demás y la tendencia a dirigir la hostilidad contra sí mismos.

o Problemas para tolerar la soledad.

o Sentimientos crónicos de vacío y aburrimiento.


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