Logoterapia y análisis existencial, (Segunda edición)

Yo no soy solamente médico especialista en dos disciplinas, sino también superviviente de cuatro campos de concentración, y, por esa razón, tengo también conocimiento acerca de la libertad que tiene el hombre para elevarse por sobre toda su condicionalidad, para oponer resistencia incluso a los condicionamientos y a las circunstancias más terribles y duras en virtud de lo que suelo denominar el poder de obstinación del espíritu.

Cuando Viktor Frankl escribió estas líneas, poco después de su liberación del campo de concentración, nadie hablaba todavía de «resiliencia». Este concepto llegó a constituirse como una categoría permanente del discurso médico solo a fines de la década de 1970, con el extenso estudio longitudinal de Emmy Werner titulado «Die Kinder von Kauai». Werner, psicóloga evolutiva estadounidense, había observado durante un período de cuarenta años a 698 niños nacidos en la mencionada isla del archipiélago de Hawái en 1955 y que habían crecido todos en circunstancias difíciles. Un tercio de ellos llegaron a gozar de estabilidad psíquica y a ser adultos exitosos a pesar de la pobreza, la desocupación o el alcoholismo con el que habían convivido en su casa paterna.


Observando con más detalle el grupo, Werner se encontró con una serie de «factores de resiliencia», ante todo el vínculo seguro a una persona de referencia constante, pero también humor, disposición para aceptar ayuda y diferentes formas de espiritualidad.

Con la llegada de la psicología positiva, la investigación sobre la resiliencia ahondó en el estudio de estos y otros factores como momentos determinantes y reconoció pronto que estos deben tenerse en cuenta no solamente para la superación de circunstancias de vida difíciles, sino también, en general, como pautas para una vida lograda. Por eso, desde hace un tiempo se registra en la literatura psicológica tanto científica como popular un verdadero auge del concepto de resiliencia.


En esta literatura se hace frecuente referencia a Viktor Frankl —a su obra tanto como a su biografía, en especial con vistas a su supervivencia y al modo en que abordó sus experiencias como prisionero en cuatro campos de concentración durante la dictadura de Hitler—. Algunos autores llegan a describir a Frankl como uno de los pioneros de la investigación sobre la resiliencia, a pesar de que, en realidad, la palabra «resiliencia» no aparece ni una sola vez en la vasta obra de Frankl.

Esta ausencia es digna de mención ya por el solo hecho de que Frankl participó de forma muy activa y con mucho interés hasta su muerte, en 1997, en el discurso científico de actualidad de la psiquiatría, la psicoterapia y la psicología y entró una y otra vez en un diálogo crítico con nuevas tendencias y temas de investigación dentro de las ciencias de la conducta. Por este motivo es improbable que, en especial en el marco de su actividad docente en las universidades de Harvard, Dallas, Duquesne y San Diego, no haya entrado en contacto con el concepto y enfoque de la resiliencia.

La muestra representativa de medio siglo de trabajos de investigación que aquí presentamos ofrece el maravilloso puente que realizó Viktor E. Frankl entre psiquiatría, filosofía y psicología. 

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