[PDF] La entrevista en niños y adolescentes. Habilidades y estrategias para el diagnóstico eficaz del DSM 5.


Hace algunos meses, un perro mordió a Melissa, de 3 años de edad, en la cara. Su historia y presentación estimuló la discusión de su caso en un congreso, la cual se extendió más allá de la causa inmediata que la llevó a consulta.

La abuela materna de Melissa había relatado que siempre fue una niña que todo el tiempo se estaba “retorciendo” y nunca se quedaba quieta mientras le contaba historias. Hacía escándalo cuando le pedían que dejara de ver la televisión o que se acostara a dormir, o incluso cuando le decían que no podían ir a la sección de cereales de una tienda comercial. Al principio, sólo gritaba y manoteaba. Después, cuando se sentía frustrada, pegaba, pateaba y mordía; un berrinche duraba casi media hora. “A veces, necesita un abrazo de oso para calmarse”, dijo su abuela.

En una breve videograbación del día en que fue evaluada, Melissa luce saludable y bien alimentada. Con rapidez abrazó y besó a su abuela antes de que ella se dispusiera de buena gana a irse con el entrevistador, con quien entró en una discusión acalorada acerca de los gatitos, el Monstruo Comegalletas, y su propio dormitorio. Los patrones de habla, vocabulario y actividad motriz parecían adecuados de acuerdo con el desarrollo esperado para su edad.

La madre de Melissa, quien presentaba una discapacidad intelectual, la había concebido cuando vivía en una residencia grupal. Siempre, desde los cuidados prenatales normales y su nacimiento sin complicaciones, Melissa había vivido con su madre y sus abuelos. Recientemente, había empezado a mojar la cama una o dos veces a la semana. En la guardería, empujaba a cualquier niño que se le parara enfrente. A las maestras les preocupaba que su vocabulario fuera muy limitado para su edad.


La acalorada discusión sobre las posibilidades diagnósticas incluyó trastorno por déficit de atención/hiperactividad, trastorno negativista desafiante, trastorno de relación social desinhibida, discapacidad intelectual y enuresis. Un especialista en autismo sugirió, así es, el trastorno del espectro autista. Para cuando se había presentado todo el material reunido, se habían sumado temas de ansiedad y estados de ánimo en el diagnóstico diferencial, además de la reacción al trauma causado por la mordida del perro.

Esta breve presentación de Melissa ilustra los dos principales aspectos en la evaluación de todo paciente -recabar información y hacer el diagnóstico - que constituye el objetivo central de este libro que te presentamos. 

La técnica de entrevista y el diagnóstico mental de niños y adolescentes son tan interdependientes entre sí, que parece difícil escribir sobre los primeros sin tocar a los segundos. Es por ello que se presentan juntos en un solo volumen. En la primera parte, se habla sobre la entrevista en salud mental tal como se aplica a los jóvenes y sus familias; en la segunda, se aborda la ciencia (y el arte) de hacer diagnósticos.

Obtener información clínica de los jóvenes, sobre todo de niños menores de 12 años, demanda habilidades técnicas especiales y experiencia clínica para entrevistar que son distintas de las que se necesitan en la entrevista con adultos.

1. El vocabulario de los niños es relativamente limitado, y sus perspectivas están delimitadas con mayor claridad que las de los adultos. Los niños más pequeños aún no piensan en términos abstractos; sus procesos de pensamiento tienden a ser concretos.

El entrevistador debe ser sensible a la necesidad de todo niño de que le hablen con términos acordes con su nivel de desarrollo para que puedan entenderlos, pero sin sentir que los están tratando con condescendencia.

2. Siempre existe el riesgo de que el paciente omita información necesaria para el diagnóstico, pero un niño, sobre todo, puede no darse cuenta de la importancia de la comunicación abierta y honesta durante la evaluación clínica.

3. Incluso un niño capaz de comprender la importancia de decir todo lo que se le pida puede no darse cuenta de qué información es necesario revelar.

4. Las etapas del desarrollo humano añaden complejidad (e interés) a la entrevista y el proceso de diagnóstico. Para los clínicos que trabajan con menores, es esencial conocer el desarrollo.

5. A veces, la preocupación por la conducta del niño sirve como un medio para abordar el problema real que se encuentra en otro lugar, como los conflictos entre los padres o un trastorno mental personal suyo.

6. La flexibilidad y un espíritu juvenil son de especial importancia para los profesionales de la salud mental que trabajan con niños y adolescentes. Es necesario diferenciar entre hablar con menores y hablar de ellos o a ellos. 

Los padres y maestros le hablan a los jóvenes -para instruirlos, a veces para amonestarlos.

Los padres hablan con los profesionales de la salud mental o con maestros acerca de sus hijos. Pero la mayoría de los adultos necesita aprender cómo hablar con los niños y adolescentes de tal modo que promuevan la comunicación bidireccional. 

En eso se enfoca este libro: en los métodos de hablar con niños para obtener la información clínica relevante. Estos métodos necesariamente varían de acuerdo con la edad y la etapa de desarrollo de cada paciente.

Y sabemos que te serán de mucha utilidad por ello lo puedes descargar dando clic acá.


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